El bebé llora y no sabemos por qué – y tenemos miedo de tomarlo en brazos. Vamos por partes
Los primeros días en casa con un recién nacido tienen una característica que nadie describe con suficiente exactitud: la intensidad. El bebé llora – y por más que se intente, no siempre es evidente por qué. Y al mismo tiempo existe, en muchos padres, un temor silencioso a tomar a ese ser tan pequeño de forma equivocada, a hacerle daño sin querer, a no tener maña.
Estas dos experiencias – el llanto y el miedo a tomarlo en brazos – surgen muchas veces juntas, y se alimentan mutuamente. Merece la pena abordar cada una con calma.
El llanto del recién nacido
El recién nacido se comunica a través del llanto – es su instrumento más eficaz y desde muy pronto aprende a usarlo bien. Con el tiempo y la cercanía, los padres aprenden a distinguir diferentes tipos de llanto: el llanto de hambre suele tener un patrón rítmico y progresivo y, por supuesto, solo se calma con el alimento; el llanto de malestar es más agudo e intermitente; el llanto de sueño va muchas veces acompañado de frotarse los ojos y perder el contacto visual. No existe un manual infalible – existe observación, cercanía y, sobre todo, tiempo.
Hay un período, habitualmente entre las tres y las seis semanas de vida, en el que muchos bebés atraviesan una fase de mayor irritabilidad y llanto sin causa aparente identificable. Es frecuente, se resuelve de forma espontánea y no indica que algo vaya mal. Conocer esta realidad de antemano ahorra mucho sufrimiento, llanto, sensación de impotencia o incluso esa sensación de “no ser capaz” que asalta a tantas familias. Saber esto evita también, posiblemente, muchas visitas innecesarias a urgencias.
Tomarlo en brazos – el miedo a equivocarse
El recién nacido es frágil – pero no es de porcelana. ¿Recordáis lo “acurrucado” y encogido que estaba dentro de la tripa de la madre? El principal cuidado que hay que tener es el sostén de la cabeza, que todavía no tiene control cervical. Con una mano apoyando la nuca y la cabeza y el brazo sosteniendo el cuerpo, el regazo es seguro y reconfortante para el bebé – y enseguida se vuelve natural para los padres. Os lo prometemos… vais a echar de menos ese tiempo en que cabía en vuestro pecho.
Hay varias posiciones para llevarlo en brazos que merece la pena conocer: al hombro, en el antebrazo con la tripa hacia abajo – especialmente eficaz en bebés con cólicos – o recostado en el antebrazo con la cabeza apoyada en el pliegue del codo. Cada bebé tiene sus preferencias, y descubrirlas forma parte de los primeros días. ¡Y hay que dejar constancia de esos ensayos y esos momentos con muchas fotografías! ¡Cambian tan rápido!
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